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martes, 21 de septiembre de 2010

Puerta del Carmen. Granada.


Después de la obligada visita a la Alhambra bajamos al centro de Granada para comer. Había oído hablar de un restaurante en la Plaza del Carmen que se llama Puerta del Carmen.
Dudamos entre volver a El Deseo o visitar este otro lugar que en el anterior viaje a Granada ya me quedé con ganas de visitar.
Al final tomamos asiento en el Puerta del Carmen. El local está magníficamente montado. Tiene una barra donde tapear y varias mesas para comer en plan más duro. También hay terracita. Se llena con facilidad.
La comida se fundamenta en productos ibéricos, derivados del pato, quesos, carnes de la zona y también pescados variados.
Pedimos una ensalada de endibias con salmón y roquefort bastante buena, unas habitas fritas con foie y jamón ibérico que estaban deliciosas, dos merluzas a la plancha (muy frescas) y un entrecot de ternera que nos pareció que estaba un poco tieso.
De postre, un sorbete de limón (porque no quedaba espuma de arroz con leche), un morito de chocolate y un cilindro de chocolate con espuma de limón (porque no quedaba la pirámide de chocolate rellena de mousse de naranja).
El sorbete no lo probé. El cilindro de chocolate con espuma de limón no estaba para tirar cohetes y el morito (una magdalena con chocolate fundido por dentro, según el camarero) se quedó en magdalena porque estaba pasada de horno y apenas apareció el chocolate fundido.
Para beber un Venta Mazarrón 2006 D.O. Tierras del vino de Zamora porque tampoco quedaba Juan Gil D.O. Jumilla.
El servicio fue lentísimo y la comida me dejó bastante desilusionado. Además, la cuenta subió a casi 45 euros por barba.
La carta de vino es muy amplia y variada pero también peca de cara. No es de extrañar que los vinos medios multipliquen su precio por dos (e incluso un poco más) pero es absurdo poner una botella de Pingus 2007 D.O. Ribera del Duero a 1200 Euros. Si alguien siente el deseo irrefrenable de pedir ese vino, que no sea tonto y que se vaya a El Capricho de Raquel y se lo podrá beber (exactamente el mismo vino de la misma añada) por 675 Euros. Y con el dinero que le sobra, se puede pagar el transporte, el alojamiento y la comida de un par de días.
No creo que me vuelvan a ver por este restaurante.
Aquí se abre el debate de si probar algo nuevo o repetir en un sitio con garantías. Ya me contaréis.

lunes, 20 de septiembre de 2010

El Deseo. Granada.


Aunque Granada incita a ir de bar en bar tomando tapas, tampoco es mal plan sentarse a comer tranquilamente en un restaurante.
Después de instalarnos en los apartamentos, nos fuimos a la cercana Plaza de la Romanilla donde se encuentra el restaurante El Deseo.
El restaurante está decorado de una forma bastante moderna y se divide en cuatro partes: la cocina (totalmente a la vista), la terraza en la misma plaza, la barra de entrada con unas pocas mesas y el comedor interior con zona de fumadores y no fumadores (bastante mal separada si se deja abierta la puerta que separa estos dos ambientes).
La comida que se puede degustar en este restaurante se basa en el encuentro de las cocinas italiana y granadina. Lo cierto es que en la carta se encuentran platos típicos italianos como la tagliata, el saltimboca, las pizzas o el carpaccio pero con un toque granadino en algunos de ellos.

La carta de vinos tiene una cantidad respetable de referencias tanto españolas como italianas. Además, cada vino viene descrito con un adjetivo que, con más o menos fortuna, define el carácter del mismo. Curiosa carta de vinos. Los precios no son caros. Por menos de 20 Euros se pueden degustar varios vinos muy buenos.
Para comer pedimos el "Deliro de tomate" (magnífico), la "templada de pulpo y patata" (estupenda), los "Huevos rotos con trufa y jamón ibérico" (muy ricos), el Cartuchito andaluz (simpático cartucho de papel con calamar muy tierno y verduritas fritas en tempura), el "Saltimboca de cordero" (muy sabroso y tierno con mucho gusto a romero) y una "Pizza a lo pobre" (riquísima con patata y salchicha). Las raciones son generosas.
Para beber, Beryna 2007 D.O. Alicante para hacer patria en copas Schott.

Luego pedimos tres postres muy buenos y abundantes donde destacó por su originalidad la morcilla de chocolate que regamos con un Pedro Ximénez cortesía de la casa.
Con las infusiones, cervezas de rigor y demás no llegó a 33 euros por cabeza. Espectacular.
Al día siguiente, por la noche, volvimos a cenar en la barra pero esta vez sin los niños que se quedaron en el apartamento con los abuelos.
Pedimos tres vinos (hay unos diez vinos por copas) que fueron acompañados por tres tapas (cartuchito de patatas con mahonesa, ensalada de pasta y platito de parmesano con mortadela y reducción de vinagre de Módena) y luego nos lanzamos con tres vinos más para acompañar uno de los mejores carpaccios de ternera que he probado y un espectacular tartar de atún con vino tinto. Maravilloso. Todo por 25 euros por cabeza. Un lujazo.
Si os pasáis por El Deseo, fijaros en las camareras (son mayoría) y en los camareros. Todos muy agraciados físicamente. ¿Casualidad?
Muy recomendable.