viernes, 7 de mayo de 2010

Viaje a Nueva York II



A la mañana siguiente nos levantamos prontito y a las siete y media ya estábamos desayunando.
El desayuno era muy bueno e incluso había tortilla de patatas casera mejor que muchas de las que he probado en hoteles de España.
Salimos del hotel y allí nos abordó un tipo muy simpático que se llamaba Salami. Iba vestido con una cazadora amarilla muy llamativa. Trabajaba para una de las compañías que organizan tours por la ciudad.
Al final le compramos billete para un tour en autobús por el downtown, un tour por el uptown, un crucero alrededor de Manhattan en el Circle Line, la entrada al Empire State sin hacer colas, la entrada al Museo de la Ciudad y un par de cosas más por 75$ por cabeza.
Una vez comprada la ristra de billetes (que medía, sin exagerar, así como un metro y medio) tiramos 5ª avenida hacia el Norte. Nuestro hotel estaba en la 32 y llegamos hasta la 59, justo donde empieza Central Park y donde se encuentra la tienda de Apple de la 5ª Avenida.
De subida vimos el Empire State desde fuera, el Rockefeller Center, la biblioteca pública de la ciudad de Nueva York, la Catedral de San Patricio (curioso contraste entre tanto rascacielos) y una infinidad de tiendas de súper marcas y rascacielos espectaculares.

Cuando llegamos a la 59 entramos a la tienda de Apple (está abierta 24 horas al día todos los días del año) para probar el ansiado iPad y comprobar que hacerse con uno de ellos era cosa de vida o muerte aunque decidimos dejarlo para otro momento por no cargar con él durante todo el día. La tienda es alucinante.


Justo al lado se encuentra la espectacular tienda de juguetes F.A.O. Schwarz (donde el piano de la película Big de Tom Hanks) a la que no entramos porque abría a las diez y aún faltaban 10 minutos. Y en Nueva York, si sólo vas cuatro días, no puedes perder ni un minuto.
De bajada por la otra acera de la 5ª avenida paramos en una tienda que se llama Abercrombie & Fitch. Imprescindible la visita. Es una tienda de ropa de una tres o cuatro plantas en la que en la puerta te reciben los empleados (chicos y chicas veinteañeros, todos modelos) sin camiseta marcando tableta de chocolate.
Una vez dentro, la tienda está súper oscura (sólo hay luz apuntando a las estanterías donde está la ropa) y con la música a toda leche. Los dependientes están bailando todo el rato y se dejan la vida por ser ultra simpáticos. La verdad es que te entran ganas de pedir un gin-tonic.
Luego pasamos por la tienda de la NBA y por la de Gant para hacer alguna compra.
Con todo esto nos fuimos a pillar el autobús que daba la vuelta por el downtown de Manhattan.
Bajamos por la 5ª avenida, pasamos por el edificio Flatiron y luego giramos hacia Greenwich Village.
Callejeamos un rato por este tranquilísimo y coqueto barrio y luego fuimos al SOHO hasta llegar a la zona del World Trade Center donde dejamos el autobús para reunirnos con el resto del grupo en la zona de Battery Park. Exactamente en un restaurante que se llama PJ Clark's en la World Financial Center Plaza. Allí comimos una hamburguesas muy buenas y unas ensaladas y después de una breve sobremesa nos fuimos dando un muy agradable paseo hasta coger el ferry que va hacia Staten Island para ver de cerca la Estatua de la Libertad. Este ferry es gratis (creo que es lo único gratis en este país) . No te deja ni en la Isla de la Libertad ni en la de Ellis (para ello hay otros barcos que sí se pagan) pero la estatua se ve perfectamente desde este ferry.
Nada más llegar a Staten Island, cogimos el ferry que salía inmediatamente de vuelta hacia Manhattan. Cada trayecto, unos 25 minutos, mas o menos.
Una vez atracó el barco en Manhattan, subimos caminando por la zona de Wall Street, paramos en los grandes almacenes Century 21 a comprar alguna cosilla y después pateamos hasta el hotel atravesando el SOHO. Tremendo pateo.
En el hotel, duchita, cervecita y a coger un taxi (en el que volvimos a pasar auténtico pánico) para llegar a la cena-concierto del Blue Note. Esa noche actuaba Madeleine Peyroux.
Este garito es, posiblemente, el club de jazz más famoso del mundo. Estaba a reventar. Nos sentaron a muy pocos metros de la banda y bastante apretujados.
El servicio, lamentable. La comida estaba bastante bien. El vino, caro y ardiendo. Nos tuvieron que traer una cubitera para enfriarlo.
El concierto me gustó pero es una putada cenar mientras están cantando porque no se puede hablar. A ver cómo se come que 8 españoles, comiendo y bebiendo, permanezcan en silencio. Muy duro. Conviene cenar antes o dejar la cena para después.
El precio del concierto, 45$ más consumición mínima de 5$. Impuestos y propinas aparte.
Ya hablaré de la tocada de pelotas que supone el rollo de la maldita propina.
Una vez acabó el concierto, Gloria y yo nos fuimos andando al hotel. Otra pateadita estupenda que nos sirvió para ver el ambientillo que se respiraba a esas horas.

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